Los doce como comunidad discipluar

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EDUCACION TEOLOGICA

Samuel Marcano

3/25/20268 min leer

a man riding a skateboard down the side of a ramp
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En el estudio del ministerio docente de Jesús es necesario considerar también a los discípulos como comunidad de aprendices. Ellos conformaron el núcleo de los primeros seguidores de Cristo y en ese sentido son para nosotros un ejemplo de lo que Cristo espera de todo aquel que quiera ser su discípulo. Resaltaremos algunas características que ellos mostraron y revisaremos las implicaciones que esto puede tener en nuestras propias vidas como seguidores contemporáneos de Jesús.

Los discípulos fueron llamados por Jesús.

En los evangelios se menciona el hecho de que Jesús se hizo rodear de doce discípulos en una relación muy especial. El término discípulo se usa en el Nuevo Testamento para indicar una relación de adhesión completa a otro mediante el seguimiento (Coenen, 1981).

Jesús fue rodeado por muchas personas que comenzaron a seguirle como maestro. De este grupo, seleccionó a doce (Lucas 6:13).[1] En el tiempo de Jesús, por lo general, los discípulos buscaban al maestro con el cual querían estar (vea Mateo 8: 19). En este caso, Cristo es quien elige, quien llama. Ser discípulo de Cristo no era cuestión de escoger a Cristo, sino de ser escogido por El.

Recordamos el relato cuando Jesús pasó cerca del lugar donde se recaudaban los impuestos y le dijo al empleado que atendía la oficina: ¡Sígueme! Y al instante el hombre le siguió (Mateo 9:9). ¿Se imagina eso ocurriendo el día de hoy? Entra alguien en un banco y desafiando la larga cola le grita al cajero desde lejos: deja ese trabajo y ven conmigo. Así ocurrió con todos los que Jesús llamó para ser sus discípulos. Fue un llamado urgente, prioritario, casi desesperado (Isaías 6:8).

El llama porque hay una misión que cumplir. Por esta razón el discípulo que es llamado viene a ser en ese mismo momento un apóstol (enviado con una misión especial).

En el relato de Marcos 3:13-15 se nos presentan las razones por las cuales Jesús llamó a los doce discípulos:

  • Para estar con él (comunión con el maestro).

De esta relación especial con el maestro se nutrirían los discípulos. Compartían la vida y literalmente pasaban todo el tiempo juntos como una familia. Willianson (¿¿¿) señala que: “Jesús se ocupaba de que sus discípulos aprendieran estando con él y observando lo que él decía y hacía. Ellos vivían con él y viajaban con él. Era una relación de compromiso”. [2]

La base del discipulado es precisamente nuestra relación con Jesús. Por eso la comunión íntima con Cristo se constituye para todo cristiano en su primera responsabilidad. Recordemos la amonestación del maestro: “Apartados de mí nada podéis hacer” (Juan 15: 5).

Cuan apropiadas aquí son las palabras del compositor:

A solas al huerto yo voy

cuando duerme aun la floresta;

Y en quietud y paz con Jesús estoy

oyendo absorto allí su voz.

El conmigo está, puedo oir su voz

Y que suyo dice seré

Y el encanto que hallo en él allí

con nadie tener podré.[3]

  • Para que predicaran el evangelio (proclamación).

Otra razón por la cual Jesús llamó a sus discípulos fue para que predicaran el evangelio. La predicación del evangelio consistía básicamente en anunciar la llegada del reino de Dios y su ungido (El Mesías) como cumplimiento de la promesa hecha por Dios a Israel ( Lucas 4: 14-21).

Este anuncio fue dado en primer lugar a las ovejas perdidas de la casa de Israel (Mateo 10: 6) pero después de la resurrección, se convirtió en un mensaje de naturaleza universal dirigido a todas las naciones (Mateo 28: 19-20). Los discípulos de Jesús no sólo deben seguirlo, sino también ser auténticos voceros de su evangelio. Por eso ser llamados por Jesús es un llamado a ser también sus mensajeros.

  • Para que restauraran al hombre perdido (restauración).

El hombre sin Dios es como un enfermo acosado de un mal mortal, necesita de terapia intensiva. Jesús describe la tarea de los discípulos como esa terapia espiritual que incluye la restauración física (sanar enfermedades) y espiritual (echar fuera demonios). Esta labor coincide con la tarea misma del maestro, profetizada en Isaías 61: 1-2.

El Espíritu de Jehová el Señor está sobre mí, porque me ungió Jehová; me ha enviado a predicar buenas nuevas a los abatidos, a vendar a los quebrantados de corazón, a publicar libertad a los cautivos, y a los presos apertura de la cárcel; a proclamar el año de la buena voluntad de Jehová…

El discípulo de Jesús es llamado para restaurar integralmente al hombre sin Dios, lo cual incluye todas las dimensiones de su vida que han sido afectadas por el pecado: cuerpo, emociones, pensamientos, decisiones, etc.

En resumen, Jesús llamó a sus discípulos con un triple propósito que ellos cumplieron cabalmente. Un cuadro que nos permite repasar este concepto sería el siguiente:

Los doce fueron llamados por Jesús para…

Estar con elUn discípulo es uno que cultiva ante todo una íntima comunión con Jesús.Predicar el evangelioUn discípulo es uno que proclama el evangelio como vocero auténtico del reino de Dios

Restaurar al hombre perdidoUn discípulo es uno que muestra sensibilidad ante la condición deplorable del hombre sin Dios y se compromete en su restauración integral.

PARA REFLEXIONAR

Por supuesto que estas consideraciones tienen serias implicaciones para nosotros hoy en día. Jesús no espera de nosotros menos de lo que esperó de sus primeros discípulos. Nosotros como ellos, también fuimos llamados por Jesús para cumplir con estos tres propósitos. Entonces, hay preguntas que debemos hacernos al respecto:

¿Cómo sé que estoy cultivando una íntima comunión con mi maestro Jesús?

Jesús, para algunos creyentes, es sólo un personaje histórico. Se relacionan con él como se relacionan con cualquier otra figura conocida de la historia: a través de la simple información de los libros. Sabemos que encarnó, vivió, murió y resucitó para ir a morar con el Padre celestial. Conocemos de él por los registros históricos de los evangelios y por uno que otro libro sobre su vida. Pero hasta allí llega nuestro conocimiento de quién es Jesús.

Eso no es lo que Cristo tenía en mente cuando dijo:

He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo (Apocalipsis 3:20)

Jesús quiere cenar con el hombre. Es bien sabido que entre los orientales la cena era la comida donde se desarrollaba la mayor comunión, como señala Barclay (1975): “No se trataba de una comida rápida, al paso, sino de un momento de íntima fraternidad con él, sin apuros ni interrupciones” (p. 175).

La idea de este pasaje es que Jesús anhela entrar en una relación de íntima comunión con aquellos que responden a su llamado.[4] El quiere relacionarse con nosotros como la persona que es, con sus sentimientos, pensamientos y convicciones.

Jesús es una persona real que vive hoy. Tan real como los amigos y parientes que a diario tratamos. Nuestro trato con él entonces debe ser un trato vivencial. Le damos los buenos días, alguien debe sorprendernos hablando solos (estamos realmente hablando con él), nuestra mirada busca su aprobación cuando vamos a tomar decisiones, le sonreímos en complicidad cuando sentimos su ayuda para superar una tentación, ¡él esta realmente allí!

Algunos grupos religiosos han elaborado refinadas imágenes de Jesús para ayudar a los fieles a llenar ese vacío que deja su invisibilidad. No es necesario. Cristo es nuestro amigo invisible.

El impacto de Jesús en un discípulo se nota en la forma cómo este cambia su vida a la imagen de su maestro. El discípulo que ve a Jesús como una persona real siente su dirección cada día y somete todo lo que hace a la sabia dirección del maestro. Un discípulo de Jesús podría contar ahora mismo los cambios que ha hecho la semana pasada a causa de lo que su maestro le enseñó. Jesús no es papel y tinta; es alguien, que desea relacionarse de una forma vivencial contigo.

¿Cómo presento a Jesús a aquellos que no lo conocen?

Generalmente, cuando invitamos a un creyente a evangelizar, la primera pregunta que surge casi instantáneamente es: ¿qué tipo de literatura evangelística se va a utilizar? Muy pocos piensan que van a hablar de un amigo real, con el cual han desarrollado una íntima comunión.

No se está menospreciando la literatura evangelística. De hecho es una herramienta poderosa para alcanzar a los no creyentes. El peligro en todo caso, es depender excesivamente de tal literatura, al punto de no poder presentar el evangelio a nadie si no tengo en mis manos un folleto o un tratado. Nunca debemos olvidar que de quien estamos hablando es de nada mas y nada menos de Aquel que dejó todos sus privilegios por venir a ayudarme, que ha perdonado todos mis pecados, que soportó enormes sufrimiento por amor a mi, que entregó su vida en una cruz por darme la oportunidad de reconciliarme con Dios y que en este momento es mi mejor amigo y ruega a Dios por mi todos los días para que me mantenga fiel a él. ¿Será que yo tengo algo que decir de ese amigo tan especial?

Cuando presentamos a Cristo de esa manera y con esa emoción genuina, propia de aquellos que le aman; entonces aquellos que nos escuchan pueden comprender porque nos llamamos cristianos: seguidores de Cristo, y entonces podrán abrir sus corazones con la misma convicción con la que nosotros le presentamos a nuestro mejor amigo. Presentar a Cristo no es sólo presentar dos o tres declaraciones bíblicas, es presentar a una persona real que por puro amor nos dio el más grande regalo que hombre alguno puede recibir: la vida eterna.

¿Qué estoy haciendo para restaurar integralmente al hombre sin Dios?

Jesús mostró compasión por las multitudes porque las vio como ovejas sin pastor (Mateo 9:36). Antes de sentir compasión, Jesús hizo un recorrido por las aldeas y empezó a ver y oír las voces desesperadas de un pueblo triste, enfermo, atado a poderes malignos y encima de esto, agobiado por regulaciones inútiles impuestas por lideres religiosos hipócritas. La mano de Jesús se posó con ternura sobre muchos de ellos y enseguida fueron liberados de todas su angustias.

Allí estaba el restaurador de emociones, el libertador de las opresiones satánicas, el único camino para ir al cielo. Después se detuvo a contemplar las multitudes. Vio con detenimiento los rostros de todas esas personas desesperadas y su corazón se conmovió con fuerza. ¡Lo que esta gente necesita es alguien que les guíe hacia la verdadera libertad espiritual! Entonces se dirige a sus discípulos y les dice: Hay mucha gente necesitada que están listas para responder al evangelio. Sus corazones piden a gritos consuelo y paz. Rueguen al Señor que envíe suficientes hombres y mujeres con un corazón compasivo que les puedan ayudar a encontrar el verdadero camino para ser felices.

Las cosas no han cambiado mucho desde entonces. Multitudes caminan por la vida desorientadas, angustiadas, atadas a poderes malignos y agobiadas por las exigencias de una vida legalista. Siguen esperando a los obreros de la mies. Nos siguen esperando a nosotros. Por ello es necesario que mostremos genuina compasión por ellos. Que veamos la urgencia de sus necesidades y el desespero de sus gritos silenciosos. A menos que alguien vaya y les pueda decir cómo poner fin a sus angustias morirán con ellas y después será peor porque les esperará un destino de eterna perdición, separados de Dios y sufriendo por el resto de las edades.

Necesitamos, sin duda alguna, ver a las personas como Jesús las mira. Contagiarnos de su compasión por el hombre perdido y asumir con diligencia la tarea de ayudarle a ser restaurado por el poder transformador del evangelio. La mies espera y nosotros somos los obreros. Es cuestión de obediencia y de compasión.

[1] Nótese que el relato de Lucas acerca del llamamiento de los doce, señala que Jesús llamó a todos sus discípulos y de ellos escogió a doce (Lucas 6:13)

[2] Willianson, Pedro (1988). ¿Qué era discipular en el tiempo de Jesús? – Apuntes Pastorales, Volumen VI, No.2, p.7

[3] Alianza Cristiana Misionera, 1967, himno 124.

[4] Morris (1977) y Carballosa (1997).