LOS DESAFÍOS DEL CRECIMIENTO
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EDUCACION TEOLOGICA
Samuel Marcano
3/25/202613 min leer
INTRODUCCIÓN
Existe ahora mismo un marcado énfasis en el crecimiento eclesial. Por un lado, los expertos en iglecrecimiento han saturado el mercado con bibliografía que nos motivan a creer que el crecimiento de la iglesia es una necesidad. Por otro lado, modelos de iglesias crecientes han aparecido en todos los continentes para indicarnos que el sueño de tener una iglesia con miles de creyentes es posible en esta generación. Hemos aceptado entonces el desafío de ver el crecimiento de nuestra iglesia como una necesidad y como una posibilidad, lo cual nos empuja a desarrollar todos los planes y estrategias posibles para lograr esa meta.
Sin embargo, algunos han asumido el crecimiento eclesial simplemente como el anhelo de tener una mega-iglesia con miles de miembros sin importar el costo. La meta cuantitativa se convierte en un fin en sí mismo y si para ello deben sacrificar un poco la doctrina, diluir las exigencias bíblicas, prescindir de ciertas enseñanzas o hacerse la vista gorda de algunos pecadillos “blancos”, el resultado, según ellos, bien vale la pena tales omisiones.
Tarde o temprano el asunto del crecimiento será una preocupación de los líderes de la iglesia. Es necesario entonces que asumamos una postura bíblica, clara y consecuente que nos permita responder sin ninguna duda sobre cuáles son los principios bíblicos que deben sustentar el crecimiento de nuestras iglesias. En buena hora nos recuerda Rick Warren que el crecimiento no tiene por que sacrificar el mensaje ni la misión de la iglesia.[2]
CRECIMIENTO INTEGRAL
El principio bíblico por excelencia que debe guiar el crecimiento de la iglesia es el de la integridad. El término integral, en una de sus principales acepciones, señala aquello que está entero, completo, que abarca la totalidad de sus partes. Un crecimiento integro es aquel que no enfatiza sólo una dimensión de la iglesia sino que considera la totalidad y complejidad del cuerpo de Cristo.
En el Nuevo Testamento el adjetivo todo aparece en varios contextos para indicar esta integridad. El creyente tiene el compromiso de mostrar su santidad en TODAS las esferas de su vida (1Pedro 1:5; Hebreos 13: 18; Tito 2:10); Dios mismo obra en forma integral en TODAS las áreas de la vida del creyente (1Tesalonicenses 5:23); TODO lo que el creyente hace debe buscar la gloria de Dios (Filipenses 2:14; Colosenses 3:17, 23) y en la comunidad cristiana TODA actividad debe apuntar a la edificación de TODO el cuerpo (1Corintios 14:26, 40; Colosenses 2: 19). No avanzaremos mucho en el estudio del Nuevo Testamento sin notar este énfasis que se hace en un crecimiento integral de la iglesia.
Cantidad y calidad.
La integridad del crecimiento implica que debemos crecer tanto en número como en calidad de vida (crecimiento cuantitativo y cualitativo). Hay figuras en el Nuevo Testamento que describen la naturaleza creciente de la iglesia. Las parábolas de la semilla de mostaza y la levadura de Mateo 13: 32-33 son un ejemplo. Hendriksen señala que posiblemente el grupo de seguidores de Jesús se veía a sí mismo como una pequeña e insignificante comunidad de hombres sin mucho futuro y estas palabras tendrían el objetivo de animarles al afirmar que el reino de Dios, aunque tiene ciertamente un comienzo muy pequeño, crecerá hasta ser un sitio de refugio para muchas personas (Hendriksen, El Evangelio Según San Mateo, p.592). Por otro lado, Lois Barbiere indica que ambas parábolas indican el crecimiento dinámico e indetenible del reino, el cual, una vez iniciado, crecerá en forma progresiva hasta la consumación de los tiempos (Barbieri en The Bible Knowledge Commentary, tomo 2, p.51).
No nos sorprende que en libro de Hechos la iglesia creciera con tanta celeridad tanto en la cerrada y tradicional cultura judía como en la pagana y decadente cultura helénica. Los creyentes crecieron de 120 a 3.000 en menos de un mes (Hechos 1:15 y 2:41). Luego Lucas informa que se convirtieron como 5.000 varones en los siguientes tres meses (Hechos 4:4).[3] Se nos reporta que el número de los discípulos se multiplicaba grandemente por todas las provincias (Hechos 5:14; 6: 1, 7; 9:31; 10:45; 11:19-30; 12:24; 13:48, 49). No cabe ninguna dudas que el libro de Hechos es sobre todos un reporte del crecimiento de la iglesia en sus primeros 30 años de historia (desde el 33 d.C. hasta aproximadamente el 63 d.C. según Hoener).
Esa onda expansiva del reino de Dios ha continuado tal y como Cristo lo declaró en la parábola de la semilla de mostaza. Al final del siglo uno había iglesias en las principales ciudades del imperio romano, incluyendo la misma Roma. En los siglos dos y tres la expansión continuó hacia las regiones más lejanas del imperio. Con la conversión de Constantino (300 d.C.), el cristianismo experimentó un impulso inusual y se convirtió en la religión oficial del imperio (?). A pesar de las invasiones bárbaras, el avance del islamismo y la decadencia del poder papal, la iglesia cristiana mantuvo su visión misionera en los siguientes siglos aun entre los feroces bárbaros; nunca dejó de crecer la semilla de mostaza. Ese crecimiento ha continuado hasta nuestros días. Nos dicen Bill y Amy Stearns que en el año 100 d.C. habían 360 inconversos por un verdadero creyente; hoy esa proporción ha bajado a menos de siete inconversos por cada creyente.[4]
El reciente informe de Tomás Moreno del crecimiento de la iglesia en Venezuela es por demás alentador:[5]
En Venezuela encontramos que entre los años 95 al 98 hubo un Promedio de Tasa de Crecimiento Anual (PTCA) de plantación de iglesias de 6,36%, es decir, que entre 1995 y 98 cada año se plantaron 731 iglesias, 60,9 iglesias cada mes, 2,03 iglesias cada día. Digamos que esto no se ha alterado, lo cual no es cierto, porque las estadísticas o suben o baja, pero, por lo general nunca quedan iguales. Eso significa que en estos dos últimos años se han plantado 1462 nuevas iglesias en todo el país, haciendo un total de 15462 iglesias. Basta observar que, el panorama religioso en el país ha ido cambiando paulatinamente y de manera constante. La Iglesia Evangélica esta creciendo.
En cuanto al Promedio de Tasa de Crecimiento Anual (PTCA) de incorporación de personas a la iglesia evangélica entre 1995 y 1998, fue de un 9,97%, eso significa que durante cada año se incorporaban 124469 personas a la iglesia, unas 10372 cada mes, 345 personas cada día y 14,40 personas cada hora. Si esto no se altero (reitero el comentario anterior sobre las estadísticas), unas 248938 personas se incorporaron a la iglesia en estos dos últimos años, pasando la población evangélica de 1600000 (7,1% de 23 millones en 1998) a 1848938, es decir un 7,7% de la población actual (24 millones de habitantes).
¡Damos la Gloria a Dios! Su plan no se ha frustrado a pesar que algunos de nosotros poco ha contribuido con la expansión del reino. Dios cumplirá su propósito con nosotros o a pesar de nosotros.
Pero el crecimiento de la iglesia no es sólo numérico. La Escritura hace énfasis en la necesidad de un crecimiento también en calidad. Cuando Cristo vio que las grandes multitudes le seguían (cantidad) los confrontó con la mayores exigencias (calidad) que encontramos en el Nuevo Testamento sobre lo que cuesta ser un discípulo auténtico (Lucas 14: 25-33). Las cartas de los apóstoles igualmente hacen marcado énfasis en la necesidad de que la iglesia crezca en santidad (Efesios 2: 21-22); en la gracia y el conocimiento de Cristo (2Pedro 3:18); en el mejor uso de los dones (1Cor.14: 12). Todas estas indicaciones apuntan a un crecimiento espiritual, interno, que no tiene que ver con los números, sino con la calidad de vida de la iglesia. Sin embargo, no tenemos que escoger entre cantidad o calidad. Warren (1.995), respondiendo precisamente al mito de que la iglesia debe escoger entre calidad o cantidad señala que: “Todas las iglesia deben desear alcanzar para Cristo la mayor cantidad posible de gente en la misma medida en que desea ayudar para que esas personas lleguen a ser lo más espiritualmente maduras posibles” Este autor señala que la calidad trae la cantidad. Es imposible que una iglesia que sea sana bíblicamente hablando no crezca.
Por esa razón es necesario, no sólo que pensemos en el crecimiento numérico como una meta para nuestras iglesias, sino también en el crecimiento cualitativo. Es necesario que definamos lo que dice el Nuevo Testamento sobre una iglesia saludable.
Dimensión individual y corporativa del crecimiento.
La integridad del proceso de crecimiento eclesial también incluye tanto la dimensión individual como corporativa del crecimiento. Los creyentes están llamados a crecer como individuos. El apóstol Pedro (2Pedro 1:5-7) señala que cada creyente debe poner toda diligencia por añadir:
a su fe, virtud
a la virtud, conocimiento
al conocimiento, dominio propio
al dominio propio, paciencia
a la paciencia, piedad
a la piedad, afecto fraternal
y al afecto fraternal, amor.
El apóstol enseña que este crecimiento proporciona tal firmeza al creyente que nada lo podrá mover de su fe (no caerá jamás). Es responsabilidad de cada uno buscar vehementemente este crecimiento. Ninguna excusa puede ser argumentada para explicar la falta de crecimiento personal.
Por otro lado, la Biblia también nos dice que la iglesia debe crecer corporativamente. Mal podría un creyente concentrase sólo en su propio crecimiento. Dios condena esta actitud egoísta. Debemos velar por la edificación unos por otros (Romanos 14:19; 15:2; 1Tesalonicenses 5:11). Son muchos los pasajes que usan la forma reflexiva unos a otros para indicar esta responsabilidad mutua (Romanos 12:10, 16; 13:8; 15:7, 14; 1Corintios 16:20; Galatas 5:13). La dimensión del crecimiento corporativo no sólo enfoca la edificación mutua, sino la responsabilidad que tenemos de servir a todo el cuerpo con nuestros dones y ministerios (Efesios 4:12, 16).
Entonces, así como se hace necesario indicar el perfil de iglesia sana según el Nuevo Testamento, también es necesario indiciar el perfil de un creyente sano según el Nuevo Testamento.
EL PAPEL DE LOS LÍDERES EN EL CRECIMIENTO DE LA IGLESIA
Esta fuera de toda discusión que la iglesia debe crecer. También está fuera de discusión que este crecimiento debe ser integral con todo lo que ello implica. Por eso un tema como no puede pasar por alto la responsabilidad que los lideres tenemos en este proceso de desarrollo eclesial. Varias maneras en que los líderes son responsables del crecimiento de la iglesia son:
Establecer una visión clara de crecimiento integral. Somos los líderes quienes guiamos a la congregación en el proceso por eso no podemos ser ciegos guiando a otros ciegos. El liderazgo pastoral necesita articular con toda claridad cuál es el camino por donde debe la iglesia moverse en este tiempo. La brújula es la Escritura, el mapa de ruta debemos hacerlo nosotros.
Reconocer los principios bíblicos que sustentan el crecimiento. No debemos hacer las cosas caprichosa o circunstancialmente sino movernos guiados por principios bíblicos no negociables. Aquí es donde se formula una filosofía bíblica de crecimiento que nos permite en un momento dado decidir lo que más se ajusta a la Palabra de Dios. Es fatal cuando improvisamos decisiones que más tarde se revierten contra nosotros o la iglesia.
Organizar las estructuras y estrategias que faciliten el crecimiento de la iglesia. Nos toca también la responsabilidad de desarrollar no sólo la visión y filosofía del crecimiento integral sino definir de qué manera vamos a ponerla en práctica y qué estructuras facilitarán el proceso.
Mantener una constante supervisión sobre el proyecto de crecimiento integral. Aquí es, por lo general, donde más fallamos. La supervisión es una tarea inherente a nuestra función pastoral (cf. el término obispo = supervisor). No basta con definir la visión, filosofía, estructuras y estrategias si no hay quien supervise el desarrollo del proceso.
CRECIENDO PARA SER UNA IGLESIA BIEN ESTABLECIDA
Los niños dicen con cierta frecuencia: “cuando sea grande quiero ser…” Ellos tienen sueños y metas de lo que quieren ser cuando crezcan. A veces nos falta tener este tipo de sueño o anhelo. ¿Qué tipo de iglesia queremos ser como resultado de nuestro crecimiento?, ¿queremos crecer para ser qué?
Necesitamos afinar nuestro sentido de crecimiento hacia el concepto bíblico de ser una iglesia bien establecida. Revisemos en breve este concepto y evaluemos que tan dispuesto estamos a que nuestro crecimiento se enfoque hacia esta meta.
El modelo paulino
Después de su primer viaje misionero, el apóstol Pablo invita a Bernabé a recorrer de nuevo las iglesias fundadas por ellos (Hec.15:36). La preocupación del apóstol tenía que ver con la necesidad de confirmar las iglesias recién fundadas (Hec.16:5). Por eso, después de casi un año de intenso trabajo misionero, quiso regresar “para ver cómo estaban los hermanos”
Para Pablo no era suficiente con evangelizar, reunir un grupo de creyentes en un lugar y dejarlos “a la buena de Dios”. La tarea misionera continuaba hacia la confirmación de los creyentes como cuerpo de Cristo. Esta “confirmación”, en el caso del apóstol, incluía la revisitación personal y el envío de obreros y/o de cartas para seguir ayudando a la consolidación de las iglesias locales.
El termino “confirmar”, que aparece en el pasaje de Hec.16:5, es la traducción de la palabra griega sterizo que tiene el sentido de “fortalecer”, “consolidar”, “establecer”. La idea es “hacer firme a alguien”.
En los siguientes pasajes se utiliza el término sterizo o un derivado y describen bien la idea del apóstol Pablo acerca del establecimiento de la iglesia:
Hec.14:21-23
Hec.15:36-16:5
Hec.18:22-23
Rom.1:8; 16:25-27
1Tes.3.1-13
2Tes.2:17
La iglesia no sólo debe ser fundada, debe ser también conducida a un nivel de madurez tal que pueda desarrollarse por sí misma en forma estable sin la presencia de sus fundadores. La estabilidad de la cual hablamos debe incluir la posibilidad de autogobernarse (liderazgo local), autofinanciarse (sostenida por la contribución de sus propios miembros), autoproyectarse (la reproducción de nuevos creyentes y nuevas iglesias) y autoeducarse (la ejecución de programas de formación teológica basados totalmente en la iglesia local). El prefijo “auto” no significa aquí independencia o aislamiento sino responsabilidad. La iglesia asumirá la responsabilidad de su desarrollo pero lo hará en sana co-dependencia con otras iglesias.
El modelo paulino es esencial en la tarea misionera de hoy. Nosotros también debemos pensar que la meta no es fundar una iglesia sino verla bien establecida. Por esa razón, debemos movernos en forma conciente y planificada hacia el desarrollo de las características que hagan de la iglesia una iglesia “bien establecida”.
Las características de una iglesia bien establecida
El apóstol Pablo sin duda tenía claro en su mente cómo debía ser una iglesia que estaba bien establecida. En varias ocasiones, él instruyó a las iglesias a crecer hacia metas que mostraran madurez y consolidación (Gal.4.19; Ef. 3.17-19; 4:11-16; Fil.1:9-11). Esto es comprensible ya que Pablo había sido escogido por Dios para mostrar cómo debía ser la iglesia y cómo debía ser correctamente conducida como cuerpo de Cristo (Ef.3:8-9).
Es posible (y necesario) identificar las características de una iglesia establecida leyendo con atención las cartas de Pablo. En ellas el apóstol dio claras instrucciones sobre el ser y el quehacer de la comunidad cristiana. Tales instrucciones son nuestra única fuente normativa para determinar cómo quiere Dios que sea su iglesia en todos los tiempos y culturas.
El siguiente es un resumen de las cartas paulinas con los enfoques de los temas tratados en cada una:
GRUPO
CARTAS
FECHA
LUGAR
TEMA CENTRAL
Primero grupo de cartas dirigido a las iglesias recién fundadas con el propósito de establecerlas firmes en el evangelio.Gálatas49AntioquiaUn llamado a retornar al evangelio puro sin mezclarlo con el legalismo.1ª y 2ª de Tesalonicenses51CorintioAfirmando a la iglesia en las verdades básicas del evangelio.1ª de Corintios56EfesoUn llamado a evitar las divisiones en la iglesia2ª de Corintios57MacedoniaUna defensa del ministerio del apóstol.Romanos57CorintioTratado completo de la esencia del evangelioSegundo grupo de cartas escritas desde la prisión con el propósito de establecer aun más a las iglesias y mostrarles cómo ellas eran parte del supremo plan de Dios para redimir a la humanidad.Efesios60RomaEl misterio de la iglesia y el plan soberano de Dios.Filipenses60RomaParticipando como iglesia en el progreso del evangelioColosenses61RomaEl misterio de la iglesia y Cristo como cabezaFilemón61-62RomaImplicaciones de tener un mismo sentir en el progreso del evangelio.Tercer grupo de cartas dirigido a hombres claves con el propósito de terminar de establecer bien a las iglesias y formar nuevos líderes bien entrenados para el ministerio1ª Timoteo62MacedoniaLa forma cómo debe organizarse apropiadamente la iglesia.Tito66Asia menorPoner en orden lo que falta para establecer completamente la iglesia.2ª Timoteo67RomaLa importancia de líderes fieles y bien entrenados.
El plan de establecimiento
Cada iglesia tiene la responsabilidad de identificar las características bíblicas de una iglesia bien establecida. Tal identificación permitirá diseñar un plan para desarrollar estas características en la congregación.
La elaboración de un plan como este debe ser parte de un proceso global. Al mismo tiempo no debe ser una tarea que una iglesia asuma en forma individual o aislada de las demás. La siguiente es una agenda sugerida para desarrollar este proceso asumiendo una cooperación entre dos o más iglesias:
TEMA
OBJETIVO DEL ENTRENAMIENTO
RECURSOS DISPONIBLES
DURACION DEL ENTRENAMIENTO A LOS LIDERES
Naturaleza y Misión de la iglesiaQue los líderes de la iglesia identifiquen cuál es la naturaleza y misión de la iglesia local.Naturaleza y Misión de la Iglesia: Un estudio del libro de HechosTres o cuatro días (3 ó 4)Características de una iglesia bien establecidaQue los líderes de la iglesia identifiquen cuales son las características de una iglesia bien establecida.Las características de una iglesia bien establecida: un estudio de las epístolas paulinasCinco días (5)Evaluación diagnóstica de la iglesiaQue los líderes realicen una evaluación lo más exhaustivamente posible para identificar las necesidades fundamentales de la iglesia.La evaluación diagnostica de la iglesia.Un día (1)El plan de establecimientoQue los líderes diseñen un plan general a través del cual puedan llevar a la iglesia a un nivel aceptable de madurez según las características de una iglesia bien establecida.El plan de establecimientoDos o tres días (2 ó 3)El programa educativo de una iglesia bien establecidaQue los líderes diseñen un currículo de educación teológica basado totalmente en la iglesia local, a través del cual puedan desarrollar las características de una iglesia bien establecida.La Educación Teológica basada en la iglesia local.Varias sesiones de dos días cada sesión:
Filosofía del programa educativo
Plan Educativo.
Materiales y recursos.
Los centros de recursosQue los lideres trabajen en función de que la iglesia llegue a ser un centro de recursos para las iglesias de su alrededor y se incorporen a una red de Centros de recursos.La Red de Centros de Recursos (RCR)Uno o dos días (1 ó 2)
Finalmente, debe mencionarse que iniciar un proceso como el descrito anteriormente requiere del liderazgo de la iglesia un auténtico compromiso que refleje el sentir completo de ellos. Consenso y armonía total del equipo de líderes son ingredientes necesarios antes de iniciar la agenda de trabajo.
Igualmente, deben estar claras las responsabilidades que cada iglesia asumirá durante el desarrollo de la agenda de trabajo. Es una cooperación entre iglesias y lo que cada una se comprometa a hacer debe estar definido desde un principio .
[1] Este documento es una fusión de dos documentos. El primero bajo el nombre de Los Desafíos del Crecimiento fue presentado en un encuentro de iglesias de ASIGEO en Caripe en Enero del 2001 y el segundo fue elaborado en Noviembre del 2003 como una agenda sugerida para el establecimiento de iglesias.
[2] Rick Warren (1.995). Una iglesia con propósito. Florida: VIDA.
[3] Los datos cronológicos provienen de Harold Hoener, A Chronological Table of the Apostolic Age.
[4] Bill y Amy Stearns, Capta la Visión 2000, p.19.
[5] Correo Electrónico enviado por Tomás Moreno sobre informe Amanecer
