La Masculinidad a la luz de la Biblia
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REFLEXIONES BÍBLICAS
Samuel Marcano
3/26/202610 min leer
En al año 96 apareció publicado en una revista cristiana difundida en Latinoamérica un articulo bajo el titulo: “Problemas en la formación del carácter del hombre” de Steve Clark.[1] El artículo describe la situación del hombre que actúa con actitudes femeninas y lo define como “hombre feminizado”:
Un hombre feminizado puede ser normal como hombre, sin una tendencia a rechazar el hecho de ser hombre y sin tendencias hacia la homosexualidad y, sin embargo, las mujeres pueden haber influido tanto en él o puede haberse identificado tanto con un mundo dominado por ellas, que muchos de sus rasgos e intereses sean más femeninos que masculinos (p.41)
Según Clark (p.41), el hombre feminizado tendrá la tendencia a reaccionar de acuerdo a sus emociones, evitará la confrontación, estará más sujeto a la aprobación del grupo, se relacionará preferiblemente con mujeres, temerá las emociones expresadas por otras mujeres y, en el plano religioso, asociará ser espiritual con características femeninas. Para algunos, Clark podría estar exagerando o simplemente habla desde una postura sexista, sin embargo, no debemos evitar este análisis livianamente.
En un tiempo cuando el problema de género es un asunto que trasciende lo personal y ha llegado a ser un problema de Estado y gobierno, se hace inaplazable retomar el tema de la masculinidad.[2]
Algunos han definido la masculinidad como “el conjunto de atributos de rasgos asociados al rol tradicional de la categoría hombre”.[3] Entre estos atributos estarían la fuerza, la valentía, virilidad, triunfo, competición y seguridad. Pero, como señala Mohler, el asunto no se trata simplemente de las diferencias biológicas entre los sexos, la pregunta de fondo es si Dios ha diseñado el hombre y la mujer intencionalmente diferentes para que se relacionaran de la forma específica como El lo diseñó.[4] Si así fuera, entonces la conducta varonil no es solo un asunto de preferencia, relatividad cultural o contexto social sino de obediencia a la voluntad expresa de Dios.[5]
Por eso es importante revisar este tema a la luz de la Biblia para tener un primer acercamiento a la pregunta ¿cómo quiere Dios que sea el varón?
La masculinidad antes de la caída de la humanidad[6]
Antes de pecar contra Dios y perder la comunión con él, la Biblia nos describe algunos rasgos importantes de la masculinidad.
Físicamente el hombre estaba facultado para el duro trabajo que suponía el cuidado del huerto. Dios le instruye que labrara y cuidara el jardín del Edén (Gen.2:15), lo cual exigiría condiciones físicas apropiadas para ello.[7] Cognitivamente Adán poseía agudeza e inteligencia suficientes como para cumplir la tarea de poner nombre a todos los animales (Gen.2:19). Moralmente era responsable de dar cuentas a Dios por la tarea encomendada de cuidar el huerto pero también por el cumplimiento de la prohibición de no comer del árbol de la ciencia del bien y el mal (Gen.2:16). Socialmente se muestra claramente que el hombre fue creado para actuar en co-dependencia. La expresión “no es bueno que el hombre esté solo” (Gen.2:18) indica la necesidad masculina de compañía y apoyo mutuo. Cuando Dios crea a la mujer para que le haga compañía, la relación con ella es de integración y unidad armoniosa (Gen.2:23)
Todos estos rasgos masculinos descritos anteriormente estaban integrados y cohesionados teniendo como eje una correcta relación con Dios. Adán fue un hombre creado para cumplir cabalmente el propósito por el cual Dios lo formó y todos sus rasgos ayudaban armoniosamente a este objetivo. Su mente, cuerpo, emociones, espíritu y voluntad existían solo para obedecer las instrucciones de Dios y darle la gloria como Creador.
La masculinidad después de la caída.
Cuando el pecado aparece en el huerto del Edén, la masculinidad de Adán es tergiversada de manera evidente. Siente vergüenza de su desnudes (Gen.3:7, 10). Se rompe la armonía con el cuerpo, ahora los rasgos físicos asociados al cuerpo toman un sentido ético que origina el pudor. Declinó su responsabilidad de ser el guía moral del hogar y obedece a la voz de su mujer comiendo del fruto que Dios le prohibió (Gen.3:17). Se esconde de la presencia de Dios, le tiene miedo (Gen.3:8). La seguridad y confianza anterior que tenía con Dios se vuelven temor, cobardía y rechazo. Después nacerán las religiones basadas en el miedo y los sacrificios para calmar la ira divina. La relación con su esposa se vuelve antagónica. Le culpa a ella de su desgracia evadiendo su propia responsabilidad (Gen.3:12, 16).
El hombre ya no es el hombre. Los rasgos originales de masculinidad han sido seriamente dañados por el pecado. Ya no hay integración y unidad de propósito sino fragmentación y dispersión. El centro ya no es Dios sino el propio hombre o más bien una imagen borrosa de lo que fue.[8]
Ahora todas sus relaciones mostraran esta alienación. Hacia Dios, miedo, soledad, aislamiento; hacia sí mismo, vergüenza, inadecuación; hacia otros, manipulación, ventajismo, imposición; hacia el medio ambiente, explotación, destrucción. Es imposible que un hombre así pueda responsablemente entregar cuentas claras a Dios de todo lo que puso bajo su cuidado. Es necesario un nuevo Adán, un nuevo hombre,
Cristo como modelo del nuevo hombre.[9]
Pablo habla de este nuevo Adán, que es Cristo (Rom.5:17-21; 1Cor.15:21-22). El verbo encarnado era un hombre y por lo tanto mostró los rasgos de masculinidad que todo hombre regenerado debe mostrar, constituyéndose así en nuestro modelo de lo que significa ser hombre.
Jesús sintió y expresó sus emociones sin tener vergüenza de ello. Tuvo compasión por Lázaro (Jn.11:35), ternura por los niños (Mar.10:16), sensibilidad por una mujer en desgracia (Jn.8:3ss). Fue trasparente y espontaneo sin ceñirse a ningún estereotipo de masculinidad cultural de su tiempo.
Fue valiente para asumir su responsabilidad sin importar el alto precio que pagaría por ello (Lc.9:51).). No rehuyó dar la cara a quienes le buscaban exonerando y protegiendo a sus discípulos (Jn.18:8). No había lugar para la cobardía, la evasión o la justificación irresponsable.
Mostró necesidad de ser ayudado por otros y lo expresó apropiadamente (Luc.6:12-13). Y de nuevo rompe los estereotipos aceptando ayuda de un grupo de mujeres (Luc.8:1-3). Jesús dio a otros la oportunidad de sentirse útiles a su lado participando de su ministerio y misión redentora.
También debe reconocerse que usó su poder de manera controlada y siempre para bien. No dejó que sus emociones le llevaran a un arrebato descontrolado de su fuerza (Mat.11:29; 26:52-54). El dominio propio es mayor cuanta más capacidad de poder tiene quien lo ejerce.
Aunque Jesús no se casó mientras desarrolló su ministerio terrenal, el apóstol Pablo lo señala como modelo del esposo cristiano al comparar la relación Cristo-iglesia con la relación esposo-esposa (Ef.5:25-32). En este sentido resalta de Jesús su amor sacrificial, cuidado, protección, entrega y consideración por la esposa.
En Jesús aprendemos como ser hombres auténticos. Su vida es un llamado a recuperar la masculinidad corrompida por el pecado. Ser hombres como lo fue Jesús es el mayor desafío para el varón cristiano de hoy.
La masculinidad redimida.
A partir de Cristo como modelo, el hombre puede ahora ser hombre de nuevo. Los rasgos distintivos de la masculinidad que se habían perdido después de la caída pueden ser ahora retomados pero con otro enfoque, el enfoque del reino.
Una vez que se ha asumido el compromiso de seguir a Cristo, el hombre es llamado a restaurar todas sus relaciones. Consigo mismo debe ejercer el dominio propio, la santidad, la vida consagrada, la responsabilidad y valentía (2Ped.1:6; 1Ped.1:15; 2Tim.2:2; 1Cor.16:13). Esto lo mantiene lejos del pecado y cerca de Dios.
Con Dios, debe cultivar la adoración genuina, la vida devocional y la comunión permanente (Jn.4:23; 1Tes.5:17; 1Jn.1:3). Ahora la relación no es creatura-Creador sino la de hijo-padre, una relación más profunda, filial y significativa que le permite decir Abba Padre.
Con su prójimo, está llamado a ser humilde, manso, colaborador, trasparente, servicial, perdonador y amoroso (1Tim.3.1-10; Tito 1:5-9; Ef.4:32; Col.3.12-14). La rivalidad, antagonismo, autosuficiencia y egocentrismo son cambiados por actitudes que favorecen las buenas relaciones y la co-dependencia enriquecedora.
Con su familia, tiene el imperativo de ser protector, guiador, amoroso, paciente, dulce, sustentador, fiel y sabio (1Cor.7:11; Ef.5:23, 25; 6:4; Col.3:19; 1Tim.3:2; 1Ped.3:7). Un esposo cuyo objetivo es la suprema felicidad de su esposa y un padre que guía con firmeza amorosa a sus hijos en el temor a Dios.[10]
Implicaciones para nosotros.
En la cruz de Cristo también la masculinidad es restaurada. Los hombres ya no tenemos que seguir ningún estereotipo impuesto culturalmente de cómo debemos o no debemos ser.[11] Nuestro modelo es Cristo y la Biblia nuestra única guía normativa para saber cómo debemos llevar nuestra masculinidad para la gloria de Dios y la extensión del reino de los cielos.
En cada cultura y época, los hombres cristianos deben aplicar los principios bíblicos acerca de cómo conducirnos.[12] Ante cualquier duda la pregunta esencial es: ¿apoya la Escritura esta actitud o acción que quiero tomar como hombre?, ¿modela Jesús este tipo de conducta masculina?, ¿glorifico a Dios si como hombre respondo de esta o aquella manera?
Es importante que recordemos que venimos de una masculinidad tergiversada por el pecado. Debemos sospechar inicialmente de nuestras reacciones masculinas debido a que estas por lo general reflejan un hombre caído. Es solo cuando podemos responder satisfactoriamente las preguntas anteriores y cuando vemos que nuestra conducta es bíblica y honra a Dios cuando podemos actuar con limpia conciencia. Ese es nuestro mayor desafío como varones de Dios.
Lecturas recomendadas:
Crabb, Larry (1991). Hombres y Mujeres, disfrutando las diferencias. USA: UNILIT
Feldhahn, Shaunti y Jeff Feldhahn (2007). Solo para hombres. USA: UNILIT
La declaración de Danvers, Concilio para la Masculinidad y Feminidad Bíblica. http://www.vidaeterna.org/esp/ensayos/danver_spanish.htm.
MacArthur, Jhon (1994). Distintos por Diseño. Michigan: Portavoz.
———- (2004). Piense conforme a la Biblia. Michigan: Portavoz.
Maldonado, Jorge (1995). Fundamentos Bíblicos Teológicos del Matrimonio y la Familia. Argentina: Nueva Creación.
Pagina del Concilio para la Masculinidad y Feminidad Bíblica: http://www.cbmw.org/.
Smalley, Greb y Robert Paul (2006). El ADN de las relaciones para parejas. USA: Tyndale House Publishers.
[1] Clark, Steve (1996). Problemas en la formación del carácter del hombre. Apuntes Pastorales, Volumen XIII, No. 4, pp. 40-45.
[2] En la introducción a la declaración de Denver sobre la masculinidad y feminidad bíblica se señalan al menos diez aspectos críticos que han afectado la comprensión sobre la forma como Dios ha diseñado que actúen el hombre y la mujer de acuerdo a lo que El mismo ha establecido. Uno de estos aspectos es el peligro de la institución familiar por una promoción de conductas y valores que se oponen totalmente a la Biblia (feminismo, machismo, homosexualidad, transexualidad).
[3] Masculinidad, Wikipedia, La Enciclopedia Libre, Disponible en http://es.wikipedia.org/wiki/Masculinidad (Consulta: 2011, Agosto 1).
[4] Mohler, Al. La hombría y la feminidad en la Biblia. Descubriendo el Evangelio. Disponible en http://descubriendoelevangelio.es/2010/08/la-hombria-y-la-feminidad-en-la-biblia-al-mohler/. (Consulta: 2011, Agosto 12)
[5] Desde el punto de vista de la sociología y sicología la masculinidad es una construcción social, cultural, relativa y contextual. No existe una “Masculinidad” única y homogénea sino varias formas de ser hombre de acuerdo a la realidad social que cada comunidad construye. En todo caso, los rasgos preponderantes de masculinidad en una sociedad serian llamados “Masculinidad Hegemónica”.
[6] Aunque estaríamos de acuerdo con John Piper acerca de que los rasgos de masculinidad debemos buscarlos antes de la caída (http://www.ibpiedraangular.org/articulos/familia/masculinidad.html), debemos señalar que es en la masculinidad redimida donde definitivamente se encuentran los rasgos varoniles que el hombre cristiano debe asumir.
[7] Se ha cuestionado recientemente el prejuicio masculino en la traducción del término hebreo ADAM o ISH (por ejemplo, Masculinidad en la Traducción de la Biblia en Latinoamérica, Esteban Voth, disponible en http://www.claiweb.org/ribla/ribla56/estebanvoth.html). Sin embargo es innegable que en los relatos de Génesis 1 y 2 se puede distinguir un trato de Dios con el varón y con la hembra como dos personas sexualmente diferentes.
[8] Teológicamente es muy importante establecer una diferencia entre el hombre antes y después de la caída ya que el hombre que estudian las ciencias de la conducta humana es al hombre caído pero bíblicamente se pueden apreciar tres momentos en la historia humana: creación original, caída y redención.
[9] Algunos autores, como Hugo Cáceres proponen un modelo de masculinidad presentada por Jesús pero bajo una base teológica diferente que hace del elemento cultural la base del análisis (ver La Masculinidad de Jesús como Proyecto Liberador, de Hugo Cáceres, disponible en http://www.tlatlalchipahua.maristas.edu.mx/clar/09.LamasculinidaddeJesscomoproyectoliberador.pdf). Un acercamiento mas balanceado es el presentado por Scott Stuart: Una Masculinidad Cristiana en Piense conforme a la Biblia, p. 163.
[10] Un estudio en Centroamérica mostro que el 40% de los hogares analizados muestran un modelo de paternidad donde el padre piensa que no debe ser dulce, amoroso ni tierno con sus hijos porque esto es señal de debilidad. Al contrario, debe ser castigador y represivo para ganar el respeto de ellos (p.172, Masculinidad y factores socioculturales asociados al comportamiento de los hombres: estudio en cuatro países de Centroamérica, Hegg Manuel, Rebeca Orozco y Marcelina Venerio. 2005. Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL).
[11] A menudo somos bombardeados por mensajes publicitarios que presentan al hombre como alguien insensible, aprovechador, mujeriego, orientado al éxito, independiente, competitivo, conquistador y misógino (lo que algunos creyentes han llamado “la masculinidad tóxica”). Se debate si la publicidad social forma los roles o son solo un retrato de ellos. En todo caso no se puede negar la influencia de ellos en la formación de una imagen cultural.
[12] Algunos han insistido en que no es posible hablar de masculinidad como concepto genérico que engloba a todos los hombres ya que cada hombre tiene su propia masculinidad relativa (vea El hombre, ¿existe?, de Khatia Araujo y Francisca Roger en Masculinidades, Identidad, sexualidad y familia. Disponible en https://www.vozjoven.net/public/documentos/archivos/identidades_y_familia.pdf). Sin embargo, desde la antropología bíblica debemos insistir que la Escritura si señala rasgos normativos éticos para los varones aplicables a cada cultura y tiempo.
