El hombre y su hogar
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REFLEXIONES BÍBLICAS
Samuel Marcano
3/26/20264 min leer
El hombre y su hogar
Samuel Marcano, anciano de la iglesia Dios es Amor en Maturín
Octubre, 2010
¡Qué gran bendición tenemos los hombres por ser la cabeza espiritual de nuestros hogares! Al mismo tiempo, esta bendición es una grave responsabilidad delante de Dios. ¿Qué implica ser los líderes espirituales de nuestras familias? En la vida de Josué podemos ver reflejada la respuesta.
El liderazgo espiritual del hogar recae en el hombre.
El capítulo 24 del libro de Josué describe el último desafío que este líder le presentó al pueblo. Atrás habían quedado las duras batallas y los múltiples conflictos para lograr la meta de conquistar la tierra de Canaán y repartirla a las tribus de Israel. Josué convoca a los lideres que tenían bajo su responsabilidad la dirección del pueblo (ancianos, príncipes, jueces, oficiales) y les habló frente a todo el pueblo reunido (24:1). Fue sin duda una de las convocatorias más solemne y extraordinarias que conociera Israel.
Josué inicia sus palabras recordándole al pueblo la forma cómo Dios les había llevado desde Ur de los Caldeos hasta Canaán; de tener unos antepasados idolatras a servir al único Dios vivo (vv.2-13). Toda esta experiencia de fe servía de marco para el desafío que estaba a punto de hacer: Ahora, pues, temed a Jehová, y servidle con integridad y en verdad; y quitad de entre vosotros los dioses a los cuales sirvieron vuestros padres al otro lado del río, y en Egipto; y servid a Jehová. (v.14). El pueblo tenía ante sí el reto de vivir una vida integra de adoración exclusiva al Dios que los había liberado y cuidado durante todos estos años.
Por su parte, Josué estaba claro acerca de la opción que él había tomado. YO Y MI CASA SERVIREMOS A JEHOVÁ (v.15)
La expresión “yo y mi casa” coloca el énfasis en la responsabilidad primaria que tenía Josué como cabeza de su hogar. El sabía que a menos que los hombres como cabezas de sus hogares, asumieran primero ellos el desafío de comprometerse a ser fieles al Señor y servirle con integridad y en verdad, el hogar tampoco lo haría y la nación menos (por eso tiene sentido que haya colocado en la primera línea del auditorio a los ancianos, príncipes, jueces y oficiales).
Ser líder espiritual de un hogar tiene implicaciones específicas para los hombres. Una de estas implicaciones es la de velar de que todos los miembros de la familia conozcan a Dios y tengan temor de El (Det.6:6ss). Otra tiene que ver con corregir a tiempo y con amor cualquier desviación de la conducta que Dios espera de nosotros (Ef.6:4; 1Ped.3:7). Y, finalmente, mostrar por el ejemplo, el tipo de vida que Dios espera de nosotros (Fil. 3:17).
El liderazgo espiritual del hogar debe llevar a que toda la familia sirva al Señor.
La expresión “serviremos al Señor” tiene la idea de un profundo compromiso que se muestra en la obediencia y fidelidad exclusiva a Dios. Incluye la adoración, devoción y entrega a Dios con todo lo que tenemos y somos. Se opone a una relación superficial, pasajera o artificial con Dios.
Josué le dice al pueblo que ellos no estaban obligados a servir a Dios. Podían escoger servir a los otros dioses que habían adorado sus antepasados o los nuevos dioses de la tierra que ahora habitaban. La adoración es una decisión personal, individual y voluntaria. También es verdad que muchos hoy en día han escogido servir a sus propios dioses (llámese dinero, amigos, trabajo, lujuria, adicciones, ego, etc.).
Seguramente que Josué se había estado esforzando por años para sembrar en su familia los valores del servicio al Señor. Había sido ejemplo para ellos cuando el mismo sirvió al Señor bajo el liderazgo de Moisés. Les habría corregido cuando era necesario para enseñarles la voluntad de Dios. Los habría integrado a todas las actividades cultuales en el tabernáculo. Tener una familia que sirva al Señor no es algo que se puede improvisar ni obtener solo con desearlo. Se requiere mucho esfuerzo y dedicación de nuestra parte como cabezas espirituales de nuestro hogar.
Una familia que escoge servir a Dios lo evidenciará hoy en día a través de que todos han decidido vivir bajo el temor a Dios, han confesado públicamente su compromiso a Cristo como Señor y Salvador, se han comprometido a desarrollar sus dones y habilidades en una iglesia local, reconocen la autoridad final de la Escritura para regular sus vidas y se someten con gozo a ella. Una familia que junta sirva al Señor es una bendición y un impacto especial para su iglesia y su comunidad.
Un ejemplo en el Nuevo Testamento ilustra bien el tipo de impacto de una familia que sirve al Señor:
Queridos hermanos, ustedes saben que Estéfanas y su familia fueron los primeros en aceptar la buena noticia en la región de Acaya, y que se han dedicado a servir a los miembros de la iglesia. Yo les ruego que obedezcan a Estéfanas, y a todos los que trabajan y sirven a Dios como él lo hace. (1Co 16:15-16)
Samuel Marcano
Octubre 2010
