Desafios para la educación teológica de nuestro tiempo (1/5)

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EDUCACION TEOLOGICA

Samuel Marcano

3/25/20265 min leer

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Mantener la centralidad de la iglesia local en el proceso de formación teológica

En ocasiones se ha percibido algo de tensión entre las instituciones de formación teológica y las iglesias locales. Es común que las iglesias exijan de las instituciones un liderazgo egresado de alta calidad y amplio rendimiento que llene sus expectativas. Las instituciones también piden más apoyo a las iglesias y se quejan de la poca colaboración que estas le dan. Los conflictos no solo tienen que ver con asuntos materiales o de recursos humanos, incluyen también aspectos filosóficos y teológicos.

Saracco (2005), comentando este mismo asunto, señala:

«Los seminarios trataron de contar con un cuerpo docente cada vez más autóctono y mejor preparado. Muchos de ellos fueron enviados a obtener sus postgrados en seminarios y universidades del extranjero. El nivel académico se elevó. Pero, paradójicamente, la distancia con la iglesia fue mayor. Se puso como parámetro a lograr el modelo de los centros de estudios europeos o norteamericanos y el objetivo fue la formación de teólogos al estilo de esas instituciones. Es suficiente ver los requisitos de acreditación de algunas agencias latinoamericanas para entender la profunda brecha entre el graduado que la iglesia pretende y lo que la institución teológica quiere lograr. La iglesia envía a sus candidatos para que sean pastores o líderes de ministerios y el seminario intenta devolvérselos teólogos» (p.4)

No se supone que estos conflictos se produzcan dado que tanto la iglesia como las instituciones de formación teológica tienen fines comunes. Pero la historia nos ha enseñado que la academización de la teología en parte es responsable de esta tensión innecesaria. Como sabemos, la teología poco a poco llegó a ser más una disciplina intelectual que un hábito del corazón. Se apartó más de la iglesia para recluirse en su propio espacio que sirviera más a propósitos puramente educativos formales.[1]

Fue sorprendente escuchar el caso de una jornada de entrenamiento para líderes en una iglesia local. Quien expuso tal entrenamiento era profesor de un instituto y el contenido era exactamente el mismo que daba en la institución. Pero al ofrecerlo en la iglesia local se llamó jornada de educación cristiana. Este mismo contenido en el instituto es llamado educación teológica. ¿Cuál era la diferencia? No era el contenido, tampoco el profesor, ni siquiera los alumnos. Era el lugar. En la iglesia la educación es cristiana mientras que en el instituto es teológica. ¿Nos dice esto algo de esta separación entre iglesia e institución?

Un desafío importante que tenemos todos los que somos partes de programas de formación teológica es el acercamiento orgánico a las iglesias locales. Lo llamo orgánico porque no debe ser meramente administrativo u organizacional sino “del corazón”.

Este acercamiento exige que en primer lugar tanto la iglesia como las instituciones identifiquen cuál es su papel en la formación de los creyentes. La iglesia es la agencia de Dios, nacida directamente de Su mano y no necesita justificar su presencia en el mundo. Las instituciones, en cambio son de naturaleza para eclesial, circunstancial y requieren justificar y renovar frecuentemente su existencia. Las instituciones sirven a la iglesia y no al revés. La iglesia puede sobrevivir sin las instituciones teológicas pero estas últimas no sobrevivirían sin ella. Tal perspectiva es sana para ayudarnos a entender nuestro papel de siervos de la iglesia. Ellas son el referente nuestro y la razón por la cual existimos.[2]

La iglesia es en definitiva la responsable de la formación de cada creyente, no la institución teológica. Si a alguien Dios pedirá cuenta por la manera en que cada creyente fue formado y entrenado es a los pastores no a los profesores de teología (Efesios 4:11-13; 1Pedro 5:1-3). Pero si esto es así, ¿entonces qué papel juegan las instituciones teológicas? Justo esto es lo que debemos definir muy bien.

La relación clásica entre la institución y la iglesia suele ser una de cliente y prestador de servicio. “Dame tus lideres o prospectos que yo te los entreno y te los entrego formados para el ministerio”.[3] Este paradigma se refleja en la forma como se promueve la institución, como llegan los alumnos a la institución, el contacto que ellos tienen con sus propias iglesias durante el entrenamiento, la graduación y la posterior inserción al campo ministerial.[4]

Una relación orgánica desafiará este paradigma para asumir uno que priorice la centralidad de la iglesia local y cambie la relación a una de siervo-iglesia. Esto se reflejará en la participación que tienen los pastores como dirigentes de las iglesias en las decisiones de la institución, en la manera como el estudiante participe durante sus estudios en los planes y programas de su propia iglesia local, en la evaluación continua del estudiante y hasta en su propia graduación. Un estudiante para graduar no sólo debería cumplir los requisitos académicos, debe también ser aprobado por sus líderes pastorales considerando el apropiado balance entre conocimiento, carácter y habilidades ministeriales.

La presencia de la iglesia en la vida de la institución teológica no debe limitarse sólo a enviar al estudiante y apoyar económicamente a la institución. Es necesario cambiar este modelo de educación por uno que realmente muestre QUIEN es finalmente responsable de los hombres y mujeres que son formados teológicamente.

[1] Al respecto es importante consultar la obra de Edward Farley: Teología: La fragmentación y la unidad de la educación teológica. Farley argumenta que la definición que surge del Nuevo Testamento y de los primeros siglos de la historia de la iglesia describía a la teología como “la orientación del alma con el propósito de adquirir sabiduría”. Este concepto ha sido reemplazado por el dominio de disciplinas académicas para la preparación profesional del ministerio.

[2] Puede haber aquí un interesante debate acerca de la definición de “iglesia” y si las instituciones teológicas pueden ser parte de esa definición. Algunos piensan que las instituciones cristianas son extensiones o brazos de la iglesia. Otros señalan que son la iglesia misma en otro escenario. Depende si la definición es muy amplia o estrecha. Prefiero sumarme a la definición que Francis Schaeffer señala en su libro “La Iglesia al Final del siglo XX” quien ve las iglesias locales como la materialización de la iglesia universal (pp.79-85). Añade que estas tienen rasgos que las caracterizan y distinguen de cualquier otra entidad. Por esta razón asumo que se puede distinguir entre iglesia e institución teológicas como entes diferentes.

[3] Aunque debemos admitir que no siempre los lideres enviados retornan a su iglesia de origen.

[4] Si evaluamos a fondo son pocas las conexiones que el alumno tiene con su propia iglesia local durante su tiempo de formación ministerial. Las cartas de referencia, la aprobación pastoral, una que otra visita a su congregación, informes enviados a la iglesia si algo malo sucede son más o menos el tipo de vinculo que se establece entre el alumno, el instituto y la iglesia local. ¿Puede esta relación triangular mejorar?