Autoridad espiritual vs Abuso de poder (1/3)

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REFLEXIONES BÍBLICAS

Samuel Marcano

3/26/202610 min leer

a man riding a skateboard down the side of a ramp
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Introducción

Quiero comenzar esta exposición recordando ese emblemático episodio, según el cual aquella osada mujer “… se acercó a Jesús y, arrodillándose, le pidió un favor… Ordena que en tu reino uno de estos dos hijos míos se siente a tu derecha y el otro a tu izquierda… Cuando lo oyeron los otros diez, se indignaron contra los dos hermanos.” (Mateo 20:20-28). Tengo la sospecha que los diez se indignaron, porque cada uno de ellos quería ocupar ese lugar de “privilegio”. Así que, tras la propuesta de aquella “preocupada” mujer por el futuro de sus dos hijos y la reacción de los otros diez discípulos, Jesús les presentó la siguiente lección: «En este mundo los jefes de los países gobiernan sobre sus pueblos y no los dejan hacer absolutamente nada sin su permiso. Además, los líderes más importantes del país imponen su autoridad sobre cada uno de sus habitantes. Pero entre ustedes no deben tratarse así. Al contrario, si alguno de ustedes quiere ser importante, tendrá que servir a los demás. Si alguno quiere ser el primero, deberá ser el esclavo de todos. (Mateo 20:25-27, NVI). El evangelista Marcos dice que fueron los dos muchachos, quienes le pidieron a Jesús: “Concédenos que en tu glorioso reino uno de nosotros se siente a tu derecha y el otro a tu izquierda.” (Marcos 10:37). Lucas no registra directamente este episodio, pero en el contexto de aquella solemne reunión que ha pasado a la historia con el calificativo de “La última Cena”, presenta algo similar y dice que los discípulos de Jesús “Tuvieron un altercado sobre cuál de ellos sería el más importante.” (Lucas 22:24). No hay duda, esos muchachos querían tener autoridad o por lo menos querían un lugar de privilegio. Entonces, Jesús les dio una desalentadora y desafiante respuesta: “… el mayor debe comportarse como el menor, y el que manda como el que sirve.” (Lucas 22:26).

Cuando el pastor Ender Sangronis me pidió que tratara el tema: Autoridad Espiritual Vs. Abuso de Poder, al momento quise eludir este compromiso, porque me pareció que no era la persona indicada para desarrollar el tema. Pero él insistió, no pude persuadirlo de mi negativa y, finalmente, le dije que lo haría. ¡No saben cuánto he sufrido después de eso! Recordé lo que nos decía un querido profesor en el Seminario: “No diga SÍ, cuando debe decir NO”. Pero ni modo, ya era tarde. Así que, me presento ante ustedes, transliterando un poco al apóstol Pablo, “con tanta debilidad que tiemblo de miedo.” Pero he rogado al Señor que me dé la gracia de ser un instrumento en sus manos en esta hora, para su gloria y la edificación nuestra. Entonces, por favor: ténganme compasión, pero préstenme atención.

Reconozco que me acerco a este tema con dos limitantes. Una de carácter académico-intelectual y la otra de orden práctico-ministerial. El caso es que no he sido formado en el ejercicio de líneas de mando, ni en el campo de la administración de personal sobre el cual se ejerce autoridad; y en el ámbito ministerial, actualmente no ejerzo autoridad sobre grupos de personas, excepto la familia cercana que me rodea. En cierto modo, estos dos asuntos son una limitación para tratar el tema, pero no son una descalificación. El Señor me ha puesto en el ministerio y debo obedecerlo. Así que, con temor y temblor, pero con convicción, nos encomendamos al Dios del cielo y aquí estamos para presentar estas reflexiones.

1. La complejidad del tema

Dos puntos nada más son suficientes para asomar el problema de la complejidad de este tema.

1.1. Primero, una lectura “groso modo”, del texto bíblico, indica que hay autoridad espiritual que proviene directamente de Dios. Dice la Escritura: Todos deben someterse a las autoridades públicas, pues no hay autoridad que Dios no haya dispuesto, así que las que existen fueron establecidas por él. Por lo tanto, todo el que se opone a la autoridad se rebela contra lo que Dios ha instituido. (Romanos 13:1, 2) El relato del evangelio también dice que Cristo “reunió a los doce discípulos y les dio autoridad para expulsar a los espíritus malignos y sanar toda enfermedad y toda dolencia.” (Mateo 10:1, NVI). Y después de la resurrección, poco antes de ascender al cielo, también les dijo a sus discípulos: “Cuando venga el Espíritu Santo sobre ustedes recibirán poder y serán mis testigos… hasta lo último de la tierra.” (Hechos 1:8, NVI). Y en su último mensaje a los discípulos, según Mateo 28:18-20, no sólo les habló de la autoridad que él mismo había recibido del Padre, sino que les dio autoridad, junto con el compromiso de cumplir la misión que él había comenzado. Así dice lo relata Mateo: Jesús se acercó entonces a ellos y les dijo: Se me ha dado toda autoridad en el cielo y en la tierra.Por tanto, vayan y hagan discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo,enseñándoles a obedecer todo lo que les he mandado a ustedes. Y les aseguro que estaré con ustedes siempre, hasta el fin del mundo. ¡Entonces, no queda duda, hay autoridad que proviene de Dios el Padre y de su Hijo Jesucristo!

1.2. En segundo lugar, al leer el texto bíblico también encontramos que hay autoridad espiritual que se deriva de Satanás y se opone al reino de Dios. Pero en la Cruz, Cristo no sólo triunfó sobre el pecado sino también sobre las potestades espirituales de maldad, pues dice la Escritura que “Él anuló la deuda que nos adversaba, clavándola en la cruz.Desarmó a los poderes y a las potestades, y por medio de Cristolos humilló en público al exhibirlos en su desfile triunfal.” (Colosenses 2:14, 15). Pero aunque el triunfo de Cristo sobre Satanás y sus poderes es una realidad, todavía hay un poder del mal que opera en el mundo. Por eso se nos recuerda que “… nuestra lucha no es contra seres humanos, sino contra poderes, contra autoridades, contra potestades que dominan este mundo de tinieblas, contra fuerzas espirituales malignas en las regiones celestiales.” (Efesios 6:12). Esta realidad perversa se revela no sólo de una manera abstracta en el sistema anti-Dios que opera en el mundo, sino que también opera a través de hombre y mujeres a quienes Satanás tiene atados[1] y comisionados para luchar contra el reino de Dios. En este sentido, Jesús dijo que algunos vendrían en su nombre, pero serían usurpadores porque vendrían en nombre del maligno: “Porque surgirán falsos Cristos y falsos profetas que harán grandes señales y milagros para engañar, de ser posible, aun a los elegidos. (Mateo 24:24, NVI). Y en otra ocasión, dijo: No todo el que me dice: «Señor, Señor», entrará en el reino de los cielos, sino sólo el que hace la voluntad de mi Padre que está en el cielo.Muchos me dirán en aquel día: «Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre expulsamos demonios e hicimos muchos milagros?» Entonces les diré claramente: «Jamás los conocí. ¡Aléjense de mí, hacedores de maldad!» (Mateo 7:21-23). No queda duda alguna; hay un poder del mal operando en el mundo que se opone al reino de Dios.

Entonces, ¿en nombre de quién se ejerce la autoridad espiritual? Con autoridad afirmamos que quienes seguimos los senderos de nuestro Señor Jesucristo, según los principios del reino, nos sometemos a él. Estamos bajo la autoridad de su Palabra y tenemos la obligación no de manipularla, como tanto ocurre hoy, sino de interpretarla, proclamarla y aplicarla con autoridad para desatar a quienes Satanás tiene en cadenas (cf. Lucas 13:16). Y debemos presentarla con la convicción de que ella es la autoridad sobre toda “autoridad” espiritual contraria. Traigo a colación ese dramático episodio, entre Pablo el predicador del evangelio y Elimas el mago, relatado en Hechos 13: “Pablo, lleno del Espíritu Santo clavó los ojos en Elimas y le dijo: ¡Hijo del diablo y enemigo de toda justicia, lleno de todo tipo de fraude y engaño! ¿Nunca dejarás de torcer los caminos rectos del Señor?Ahora la mano del Señor está contra ti; vas a quedar ciego y por algún tiempo no podrás ver la luz del sol. El relator declara que: “Al instante cayeron sobre él sombra y oscuridad, y comenzó a buscar a tientas quien lo llevara de la mano.” El poder del Señor triunfó sobre el poder del mal.

2. El asunto de los “modelos” o ejemplos de autoridad espiritual

Una rápida revisión de las Escrituras nos da cuenta de unos cuantos personajes, de los cuales podría decirse que tenían autoridad espiritual. ¡Y no queda duda, la tenían! La pregunta es si debemos considerarlos como “modelos” para nuestra vida hoy, o si la Biblia los presenta como tales. Hurguemos brevemente en algunos de ellos:

2.1. Moisés, por ejemplo, pudiera ser un modelo de autoridad espiritual. Fue un gran varón de Dios, calificado como “poderoso en sus palabras y obras” (Hechos 7:22). Se ganó el calificativo de ser un hombre muy manso; pero Dios le encomendó la misión de conducir a uno de los pueblos más rebeldes y conflictivos de la tierra. El relator del Pentateuco dice que “Moisés era muy humilde, más humilde que cualquier otro sobre la tierra.” Dios lo consideraba “su hombre de confianza” (Núm. 12:2, 7, la RVR dice: que es fiel en toda mi casa). Sin embargo, por un acto muy humano, un acto de “rebeldía” personal (junto con Aarón) Dios no le permitió entrar a la tierra prometida. Dios les dijo: Por no haber confiado en mí, ni haber reconocido mi santidad en presencia de los israelitas, no serán ustedes los que lleven a esta comunidad a la tierra que les he dado (Número 20:12, NVI). Unos años más tarde, Moisés le echo la culpa al pueblo y les dijo: “… por culpa de ustedes el Señor se enojó conmigo y juró que yo no cruzaría el Jordán ni entraría en la buena tierra que el Señor su Dios les da en posesión (Deuteronomio 4:21, NVI). Pero si usted quiere conocer a un hombre con autoridad espiritual, estudie la vida y las obras de Moisés, tanto ante el faraón como ante el pueblo de Israel. Su autoridad emanaba directamente de Dios. Pero tengo la sospecha que la lección de la vida de Moisés no es para que sea nuestro ejemplo o “modelo de autoridad”, sino para que veamos la inmensa gracia de Dios en medio de las imperfecciones humanas.

2.2. Nehemías, el reformador del pueblo, tanto en lo material como en lo moral, también puede ser visto como un hombre de autoridad espiritual. En un momento crítico del pueblo, Dios levantó a este gran hombre, que decida y valientemente emprendió una obra titánica. El relato bíblico da cuenta que la reconstrucción de los muros se hizo en 52 días y la inauguraron fue una gran celebración. Dice el relator: “Cuando todos nuestros enemigos se enteraron de esto, las naciones vecinas se sintieron humilladas, pues reconocieron que este trabajo se había hecho con la ayuda de nuestro Dios.” (6:16). Nehemías ha sido presentado como un “modelo de liderazgo” por su autoridad espiritual, y ciertamente hizo cosas extraordinarias. Pero al final de la narrativa, hay un episodio muy extraño que recoge palabras de Nehemías: Entonces los reprendí y los maldije; a algunos de ellos los golpeé, y hasta les arranqué los pelos, y los obligué a jurar por Dios. (Nehemías 13:25, NVI). ¿Abuso de autoridad? Ciertamente, esa no parece ser la conducta de un hombre de autoridad espiritual. No obstante, no hay duda que Nehemías fue un gran líder del pueblo y tampoco hay duda que era un hombre con autoridad espiritual. También en este caso, la autoridad era de Dios a través de Nehemías. Muy temprano en la narrativa, en uno de los episodios cruciales del relato, Nehemías escribió: El rey accedió a mi petición, porque Dios estaba actuando a mi favor (Nehemías 2:8b, NVI). Pero de nuevo, tengo la sospecha que el libro de Nehemías no pretende presentarlo como un héroe para que sea nuestro modelo, sino más bien pretende mostrar la inmensa gracia y misericordia de Dios en medio de las rebeldías, frustraciones y debilidades humanas. Lo mismo puede decirse de Elías, de David y de otros tantos del AT.

2.3. El apóstol Pablo, en el NT, también pudiera servirnos como un modelo de autoridad espiritual. Los registros del NT indican que Pablo era un hombre de autoridad espiritual, y ésta tenía mucho que ver con su conversión y la misión que le había sido encomendada. Sin embargo, debemos preguntarnos si en alguna ocasión también pudiera acusársele de “abuso de autoridad”. En una ocasión, mientras desarrollaba exitosamente el ministerio misionero, tuvo una gran desavenencia con uno de sus compañeros, al punto que se separaron. Dice el texto: “Resulta que Bernabé quería llevar con ellos a Juan Marcos,pero a Pablo no le pareció prudente llevarlo, porque los había abandonado en Panfilia y no había seguido con ellos en el trabajo.Se produjo entre ellos un conflicto tan serio que acabaron por separarse. (Hechos 15:37-39). Pero no hay ninguna duda, Pablo era un hombre de autoridad espiritual. Hasta en algunas ocasiones tuvo “el atrevimiento” de pedir a sus interlocutores que lo imitaran; pero se cuidó de que lo hicieran en tanto que él era fiel al evangelio. A los Filipenses les dijo: “Hermanos, sigan todos mi ejemplo, y fíjense en los que se comportan conforme al modelo que les hemos dado.” (Filipenses 3:17, NVI) y a los corintios los retó: “Imítenme a mí, como yo imito a Cristo.” (1 Corintios11:1, NVI).

Todos estos hombres tuvieron “grandezas” y “pequeñeces”, fortalezas y debilidades, de modo que seguramente incurrieron en actos de “abuso de poder”. Pero todos tenían algo en común: eran hombres humildes, preocupados por su fidelidad y obediencia al Señor, a quien tenían como autoridad suprema sobre ellos. Tengo el convencimiento de que en su momento, el mensaje de Dios para el pueblo no era que siguieran a estos hombres, sino que tanto ellos como el pueblo se dieran cuenta de la inmensa bondad y misericordia de Dios en medio de las debilidades humanas.

[1] Cf. Hechos 26:18: Te envío a éstos18 para que les abras los ojos y se conviertan de las tinieblas a la luz, y del poder de Satanás a Dios, a fin de que, por la fe en mí, reciban el perdón de los pecados y la herencia entre los *santificados